lunes, 10 de marzo de 2008

DE LA VIDA REAL...

Veintitrés Años de mi vida le entregue a mi trabajoVeintitrés años de amarguras, de superación, de altibajos, pero todos ellos amando este lugar, este sitio donde crecí emocional más que físicamente, donde aprendí a conocer y a estimar a la gente, y confiar ciegamente en ellos, dándoles aparte de mi entrega incondicional, mi lealtad a toda prueba; sin embargo, para ellos no fue suficiente todo ese tiempo en que les demostré cuanto les amaba, cuanto deseaba ser útil, cuanto quería desarrollar mejor mi labor y basto un error, una falla para hacerme ver que era no una persona, sino un numero, un robot que después de hacer algo mal, ya no sirve… Ahora, tristemente me tengo que ir, aquellas personas que me hicieron creer que me estimaban, me han dado la espalda y me han dejado solo, con la amargura de tener que buscar un empleo y empezar otra vez con nuevos compañeros, cargando dentro de mi alma el dolor de haber renunciado a mi trabajo...

1 comentario:

Cristian Mejia dijo...

Trabajar para vivir o vivir para trabajar, eso del trabajo es solo una condena vaga, come vida. Aprovechemos el tiempo libre para lo que nos guste hacer.